El Niño que Gritaba: "¡Lobo!"

El Niño que Gritaba: "¡Lobo!" · Page 7 of 7

Una lección aprendida

A la mañana siguiente, el niño se sentó en silencio con los aldeanos, sintiéndose avergonzado.

—Grité que venía el lobo tantas veces que nadie me creyó cuando era verdad —dijo en voz baja.

Un anciano del pueblo le puso una mano suave sobre el hombro—. A un mentiroso no le creen, ni siquiera cuando dice la verdad. Por eso la confianza, una vez rota, cuesta tanto recuperar.

Desde ese día, el niño nunca volvió a hacer esa broma. Cuidó a sus ovejas con esmero, y poco a poco, los aldeanos aprendieron a confiar en él de nuevo.

Y cada vez que de verdad necesitaba ayuda, siempre acudían corriendo.